Así lo ha manifestado el presidente de la Sociedad Española del Dolor, el doctor Alberto Camba, en el marco de la VIII Reunión de Expertos sobre “Farmacoterapia para el control del dolor: pautas de uso”, celebrada en Salamanca


Salamanca (2-10-08).- Los fármacos para el dolor no se usan bien. Así lo ha manifestado el profesor Clemente Muriel, director de la Cátedra Extraordinaria del Dolor Fundación Grünenthal, de la Universidad de Salamanca, con motivo de la presentación de la VIII Reunión de Expertos sobre “Farmacoterapia para el control del dolor: pautas de uso”.

Los expertos reunidos en Salamanca van a elaborar un documento con una serie de pautas de uso para este tipo de medicamentos, que muchas veces se utilizan, según el profesor Muriel, “en problemas para los que no están indicados, se sustituyen por otros igual de eficaces pero con más efectos secundarios o se administran en intervalos de tiempo mayores que los de su vida media”. Además, en la mayoría de estos casos no se logra mitigar el dolor.

Todo esto se contrapone al hecho de que en España se dispone de un excelente arsenal terapéutico contra el dolor, “actualmente hay muchos y muy buenos fármacos, y muy pocos de los que puedan aparecer aportarían grandes innovaciones”, según Muriel.

Por su parte, el doctor Alberto Camba, presidente de la Sociedad Española del Dolor (SED), entidad que participa en este evento, ha señalado que “el mal uso de los medicamentos contra el dolor se debe fundamentalmente a la falta de información que padecen los profesionales que los utilizan”. Y ha añadido que el dolor crónico “debe empezar a ser considerado una enfermedad y, como tal, hay que tratarlo”, para ello, “este problema requiere mayor atención por parte de las autoridades sanitarias”.

Según datos aportados en la quinta edición de esta reunión, un once por ciento de la población española padece dolor crónico y, en muchos casos, se tarda una media de cuatro a cinco años hasta que se acude a una unidad especializada.

Además de ser necesario un mejor conocimiento del manejo de analgésicos de acción central, “faltan unidades de dolor completas en hospitales importantes, además de un enfoque multidisciplinar en el abordaje de este problema”, destaca Esteban Martínez, coordinador de actividades de la Fundación Grünenthal. “Es de esperar que temas tan apasionantes como la genética, a los que nuestra fundación está dedicando importantes recursos, permitan eliminar mejor el dolor”.

FUENTE: azprensa.com
La Plataforma el 25 Septiembre 2008
Según la Organización Mundial de la Salud
Uno de cada 10 medicamentos en el mundo es falso

El negocio de los fármacos falsos mueve más de 50.000 millones de euros. Anabolizantes, antibióticos y antipalúdicos, entre los productos más falsificados. 

 
ISABEL F. LANTIGUA

MADRID.- A simple vista es casi imposible reconocer un fármaco falsificado del original. El tamaño y la forma son idénticos. El tacto tampoco ayuda a despejar la duda, pues la textura es prácticamente igual. Lo único que pone fin a la incertidumbre es el efecto que causa en el organismo y, para entonces, ya es demasiado tarde, pues el posible daño para la salud ya está hecho.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada 10 medicamentos que se comercializan en el mundo es falso, porcentaje que llega al 50% en los países menos desarrollados. La cifra aún es más elevada cuando los productos se ofertan por Internet, donde más del 60% de las medicinas son fraudulentas.

“Los fármacos falsos son una grave amenaza para la salud pública. En el mejor de los casos lo único que hacen es no ofrecer mejoría a quien lo toma, pero su ingesta puede agravar una enfermedad, producir reacciones adversas, crear resistencias e incluso provocar la muerte”, ha explicado el doctor Francisco Toquero Torre, vicesecretario de la Organización Médica Colegial (OMC), durante un seminario sobre el tema.

Sin embargo, estos riesgos no logran desanimar a los que se lucran con este negocio, que mueve más de 50.000 millones de euros en el mundo. Los falsificadores se sienten atraídos principalmente por dos tipos de fármacos: aquellos que tienen una gran comercialización y aquellos que se venden a precios elevados. “Antibióticos, hormonas, analgésicos, esteroides, antihistamínicos, antimaláricos y medicinas para mejorar la calidad de vida se encuentran entre los más copiados”, reconoce el doctor Toquero.

La facilidad de su fabricación, la cuantía económica que se puede sacar con esta actividad, la existencia de marcos jurídicos y sancionadores inapropiados, los controles ineficaces de la mercancía, la guerra de precios y la falta de concienciación social sobre este problema son algunos de los factores que contribuyen a la expansión de este negocio, que aumenta cada año.

“Mientras introducir un nuevo medicamento lleva entre 12 y 15 años y entre 600 y 800 millones de euros, los fármacos falsos no tienen apenas costes, sólo beneficios”, señala Ricardo Rodríguez, Magistrado de la Sala Penal de Audiencia Nacional.
Con la mirada puesta en China
Como en tantos otros escándalos, el más reciente el de la leche adulterada con melamina, China ocupa el primer puesto en la lista de países exportadores de medicinas falsas. Aunque también sufre las consecuencias de esta acción fraudulenta, pues se calcula que cada año fallecen más de 100.000 chinos por culpa de estos productos.
Los países pobres son los que se llevan la peor parte del negocio, ya que los medicamentos falsificados que consumen son para enfermedades que cuestan la vida. Así, se calcula que el 20% de las muertes por malaria se deben a antipalúdicos adulterados. Entre el 20% y el 90% de los antimaláricos producidos localmente o importados en siete países de África no pasaron las pruebas de calidad. 

 Los mortales resultados de este negocio se han visto en muchas ocasiones. En Nigeria, en 1990, 100 niños murieron por un jarabe para la tos falsificado. En Haití 59 pequeños corrieron la misma suerte por otro jarabe, esta vez para la fiebre. En Camboya, medicamentos falsos para la malaria se cobraron la vida de 30 personas.
La situación en España

En España, tanto los laboratorios e importadores como los almacenes y distribuidores precisan de autorizaciones administrativas y de la necesidad de técnicos titulados para formular medicamentos. Esto hace más difícil su distribución y venta a través de los canales de distribución habituales, pero Internet es un coladero.

Todos los expertos coinciden en que hace falta mucha más voluntad y muchos más medios para combatir el problema. “En nuestro país, la sección de consumo y medio ambiente de la Central Operativa de la Guardia Civil, que se encarga de estos delitos cuenta con siete personas”, afirma el teniente Moisés Vos Martínez. Un número claramente insuficiente para el calibre del problema.

“Casi 28 millones de españoles tenemos una enfermedad crónica y necesitamos fármacos continuos, por lo que somos un público objetivo para este fraude”, explica José Antonio Herrada, presidente de la Coalición de Ciudadanos con Enfermedades Crónicas. Desde su punto de vista, “la situación está desbordando al sistema de sanidad”, por lo que “vamos a presentar la próxima semana una petición formal al Ministerio de Sanidad para que tomen cartas en el asunto”.

 

Fuente: El Mundo, España