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La sensibilidad química múltiple (SSQM ) es una enfermedad crónica provocada por el exceso de productos tóxicos vertidos en el medioambiente, así como de aquellos otros químicos que forman parte de nuestra vida cotidiana. Su carácter es multisistémico, por lo que se desencadenan muy variados síntomas y supone una reducción muy importante de la actividad cotidiana.
M. Fortes /
Sin embargo, ante el desconocimiento de la enfermedad y la falta de asistencia sanitaria y social en la que se consideran los afectados se realiza actualmente una campaña de firmas on-line con la que se pretende concienciar a autoridades y ciudadanía sobre la sensibilidad química múltiple. Francisca Gutiérrez Clavero es presidenta de ASQUIFYDE (Asociación de afectados por los Síndromes de Sensibilidad Química Múltiple, Fatiga Crónica, Fibromialgia y para la Defensa de la Salud Ambiental). diarioDirecto: ¿Qué es la Sensibilidad Química Múltiple? Respuesta: El Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple entra dentro del grupo de las conocidas como enfermedades ambientales. Para definir la enfermedad solemos citar al dr. Pablo Arnold Llamosas, especialista en medicina interna, inmunología, toxicología y en medicina ambiental quien afirma que “El término Síndrome de Sensibilidades Químicas Múltiples (MCS) fue propuesto por Cullen (1987), quien definió el cuadro como “… un desorden adquirido caracterizado por síntomas recurrentes, referibles a múltiples sistemas orgánicos, que ocurre en respuesta a la exposición demostrable a múltiples compuestos químicamente no relacionados, en dosis muy por debajo de aquellas que en la población general comienzan a tener efectos dañinos”.” 1) Los síntomas son reproducibles con la exposición 2) La condición es crónica 3) Los síntomas aparecen a bajos niveles de exposición 4) Evitar las sustancias implicadas implica un mejoramiento Además, una vez que el síndrome se ha iniciado, se reporta frecuentemente un fenómeno de propagación, por el cual la sensibilidad química se generaliza y aparece entonces sensibilidad a otros químicos, comidas y medicaciones que anteriormente eran bien tolerados. Existe una clasificación de cuatro grupos diferentes de afectados por el síndrome de sensibilidad química múltiple: 1) El paciente aislado, con una exposición heterogénea a bajos niveles de químicos en su hogar y ámbito laboral. 2) Habitantes de edificios “cerrados” (principalmente mujeres), expuestos fundamentalmente a gases provenientes de los materiales de construcción y equipo de oficina, perfumes y humo de tabaco. 3) Trabajadores industriales (primariamente hombres), con exposiciones agudas (de alto nivel) y crónicas a diversos químicos. 4) Miembros de una comunidad contaminada (de ambos sexos y cualquier edad) con exposiciones a aire y agua contaminados en distinto grado, por mal manejo de la basura, uso extendido de pesticidas o desechos industriales. Por otra parte, según los doctores Joaquín Fernández Solá (especialista en medicina interna) y Santiago Nogué Xarau (especialista en toxicología) del Hospital Clínico de Barcelona, afirman que “Más del 15% de la población general presenta mecanismos de respuesta excesiva frente a algunos estímulos ambientales. En un 5% de sujetos, estos procesos de sensibilización son claramente patológicos y superan la capacidad adaptativa del organismo, y generan manifestaciones locales o sistémicas, frecuentemente crónicas y persistentes”. Así, según estos testimonios médicos podemos decir que existen un 15% de la población afectada en distintos niveles, aunque una gran parte de los afectados no están diagnosticados por el desconocimiento existente respecto a esta patología; ya que los síntomas no suelen relacionarse con aspectos químicos ambientales: dolores de cabeza, rechazo a ciertos olores, dermatitis, trastornos gastrointestinales, rinitis… El síndrome de sensibilidad química múltiple se solapa frecuentemente a la fibromialgia y al síndrome de fatiga crónica. dD: ¿Cuáles son sus síntomas? R: Los síntomas más importantes son dolor generalizado, fatiga y cansancio. Sin embargo son numerosos los síntomas que se pueden superponer como dolor al tragar, afonía, disnea, palpitaciones, desorientación, confusión, trastornos cognitivos, pérdida de memoria, hipersensibilidad olfativa, debilidad muscular, náuseas, vómitos, molestias oculares, ansiedad, angustia, mareo, vértigo, inestabilidad, alteraciones del sueño… dD: ¿Por qué nace la necesidad de realizar una campaña de recogida de firmas para ayudar a los pacientes con síndrome de sensibilidad química? R: Esta campaña ha surgido a consecuencia de la desprotección sanitaria, jurídica, laboral, social y familiar en la que nos encontramos los afectados españoles debido a la falta de reconocimiento oficial como patología con entidad propia y al desconocimiento existente; lo que nos diferencia claramente del resto de enfermos. Consideramos que se vulneran gravemente los derechos que nos otorga la Constitución en materia de salud y bienestar social. dD: ¿Cuáles son los principales obstáculos a los que tienen que hacer frente los pacientes? R: Sin lugar a dudas al aislamiento, la incomprensión, la falta de recursos, la ignorancia o desinformación social, la dificultad diagnóstica y los tratamientos específicos que requiere este síndrome. Existe una gran falta de conciencia en la sociedad respecto al mundo químico que nos rodea. Vivimos en una sociedad inmersa en químicos, los mismos que están produciendo el calentamiento global del planeta; donde el interés económico, hoy por hoy, predomina sobre el bien de la salud pública. Si la tierra, la flora y la fauna se están viendo afectadas, ¿cómo no lo va a estar el ser humano? El planeta y las personas hemos perdido la capacidad de adaptación frente a los vertidos tóxicos, entre otras cosas porque se han multiplicado de forma alarmante en un espacio muy corto de tiempo. No hemos tenido ni tan sólo la posibilidad de tener un teórico periodo de ajuste.
dD: ¿Cómo se desarrolla su vida diaria? ¿Qué limitaciones encuentran? R: Como la única terapia eficaz y permanente que tenemos es evitar los químicos ambientales vivimos la mayor parte de nuestro tiempo en un aislamiento casi absoluto. Por otro lado, la fatiga y el dolor hacen que nuestro rendimiento, en algunos casos, baje a los niveles mínimos necesarios para cubrir nuestras necesidades vitales cotidianas: aseo, comer, acudir a consultas médicas y poco más. Esto limita de forma exhaustiva nuestra actividad cotidiana. Por las mañanas, tenemos que comprobar al abrir las ventanas que no haya ningún olor indicador de la presencia de algún químico que provenga del exterior y que pueda suponer un peligro para nosotros. Sin embargo, hay ocasiones en las que nos encontramos con químicos inodoros que nos afectan igual, el olor es simplemente una pista identificativa de la posible presencia de químicos ambientales. No siempre es posible ducharnos cuando nos levantamos por falta de fuerzas, en momentos de crisis incluso necesitamos ayuda de terceros. Tenemos que esperar durante algunas horas hasta desentumecer las articulaciones y recuperar un mínimo de energía para hacer frente al aseo diario. Debemos utilizar champús y jabones especiales, a veces fabricados expresamente para nosotros, exentos de químicos artificiales y aromas. Algunos afectados debemos poner filtros de agua para que la cal, el cloro y los sedimentos del agua no nos produzcan una reacción. Salvo alguna marca excepcional, los cosméticos que usualmente veníamos utilizando anteriormente a la enfermedad contienen sustancias tóxicas para nuestros organismos. Optamos por aceites biológicos como rosa mosqueta, almendra o sésamo. Su uso dependerá del nivel de tolerancia de cada persona. Las mujeres utilizamos algún tipo de maquillaje sólo en fechas excepcionales y siempre de origen vegetal y con el mínimo de químicos posibles. Por supuesto no podemos hacer uso de tintes, lacas, espumas ni suavizantes para el pelo. Normalmente venimos usando un poco de vinagre, mascarillas hechas por nosotras mismas con elementos biológicos y otras alternativas naturales, aunque hay pacientes que no toleran ni eso. Toda la ropa de hogar, la nuestra y la de nuestros familiares debe lavarse, o bien con bicarbonato o bien con jabones ecológicos especiales. Nuestras casas tienen que estar lo más limpias posibles a nivel químico. Esto implica prescindir de objetos de decoración, cuadros, alfombras… Nuestros dormitorios suelen tener una cama (el mejor colchón son mantas de algodón orgánico, que podemos lavar a menudo y que no contienen químicos ni elementos sintéticos) y un purificador de aire para químicos. Prescindimos de muebles auxiliares y aquellos que son imprescindibles se aconsejan que sean de cristal y acero inoxidable. El resto de la casa tiene que mantenerse también absolutamente aséptica de químicos: tejidos de tapicería, cortinas, lacas de puertas, frentes y forrados de armarios, madera de aglomerado donde abundan los disolventes… Después de la ventilación cerramos todo herméticamente y ponemos en marcha los purificadores prácticamente las 24 horas del día. El aire acondicionado normalmente no es tolerado por los enfermos y la calefacción, incluso el calor azul, presenta problemas en algunos casos. Pintamos nuestras casas con pinturas ecológicas y aún así tenemos que permanecer un tiempo fuera para que los olores se volatilicen. No podemos hacer uso de cocina de gas y los calentadores de agua tienen que estar situados en zonas bien ventiladas, con ventiladores y tubos que lleven el humo lo más lejos posible de la casa habiendo hecho previamente un estudio del viento predominante. Todos los alimentos que consumimos deben de ser ecológicos al 100% e incluso dentro de los ecológicos no se aconseja consumir alimentos envasados, en conservas o en latas.
No podemos recibir visitas en casa salvo que vengan descontaminadas de químicos. A pesar de estas precauciones, nos suceden con frecuencia “accidentes químicos”: obras públicas en la periferia de nuestro domicilio, fumigaciones en chalets privados o en jardines públicos, desinfectación de establecimientos públicos, ropa tendida de vecinos lavada con jabones agresivos y suavizantes con gran cantidad de químicos… Todas estas sustancias nos intoxican y hacen saltar las alarmas en nuestro organismo pudiendo llegar a provocar graves trastornos. Podemos salir al exterior cuando nos encontramos con las fuerzas suficientes y no divisamos un riesgo fuera de los habituales. Debemos utilizar mascarillas para químicos, ya que el ambiente que se respira en la calle es normalmente tóxico debido fundamentalmente a los hidrocarburos de los coches, camiones y motos. No podemos acudir a un hospital o un centro de salud sin vivir luego las consecuencias, ya que son ambientes realmente no aconsejados para nosotros. Se utilizan desinfectantes, medicaciones volátiles y se realizan fumigaciones y desinfectaciones periódicas… cuando estamos enfermos no tenemos a donde acudir sin correr un riesgo y esto por dos motivos: la falta de preparación de los profesionales de la salud que nos atienden y la carencia de espacios preparados para un enfermo con síndrome de sensibilidad química múltiple. dD: ¿Cómo acogen en su entorno la enfermedad? R: Al principio todo el entorno, incluido el familiar, cree que padecemos una patología psiquiátrica. Ante nuestra insistencia, y después de pasar un vía crucis de consultas, pruebas y especialistas (que suele durar años), cuando llegamos al diagnóstico definitivo empieza tal vez la fase más dura: la de aprender a vivir con la enfermedad intentando conseguir la mejor calidad de vida posible. Las personas que conviven con nosotros deben descontaminarse con una ducha y cambio de ropa cuando llegan de la calle antes de acercarse a nosotros. No pueden utilizar los productos químicos que hay normalmente en el mercado, deben usar los nuestros. Esto a veces plantea problemas, ya que nos encontramos en una sociedad de consumo que descalifica a todo aquel que no se cuelga encima las etiquetas de moda. Los familiares más alejados, normalmente y salvo excepciones, dejamos de verlos; ni siquiera para Navidad, bodas u otras celebraciones. En el entorno laboral también es muy difícil. El síndrome de sensibilidad química produce, además del dolor y la fatiga, trastornos cognitivos que pueden ser importantes. Personas que han tenido una trayectoria profesional brillante de repente dejan de serlo y se encuentran ante la tesitura de no poder leer si quiera un párrafo seguido o ser incapaces de entenderlo. Los ruidos, los olores, los sonidos, los cambios de temperatura, el aire acondicionado… provocan malestar y desencadenan una desestabilización del organismo. Además, en el ámbito profesional nos convertimos en personas que difícilmente pueden hacer frente a una vida laboral estable; especialmente aquellas que en su tarea cotidiana tienen contacto con químicos (productos de limpieza, de peluquería, fumigaciones, tinta, papel…). En el mejor de los casos, cuando la afectación no es severa, se consigue una adaptación de los lugares de trabajo para que la persona pueda seguir teniendo una vida normal pero el paciente tiene que luchar mucho para poder conseguir esa adaptación, ya que se trata de una enfermedad aún no reconocida oficialmente. Socialmente el aislamiento es prácticamente total. Salir a comprar, ir a un médico, hacer gestiones, ir a un cine, teatro, restaurante, cafetería o cualquier cosa que nos ponga en contacto con ámbitos frecuentados por muchas personas se convierte en una hazaña. A veces la llevamos a cabo, pero siempre siendo conscientes de que durante los días siguientes, al haber entrado en contacto con esas sustancias, nuestra salud empeorará y seguramente deberemos aislarnos y hacer reposo absoluto para recuperarnos y volver a nuestros mínimos de “normalidad”. Salir con una mascarilla para químicos supone para quien la lleva un esfuerzo de desinhibición, ya que evidentemente llama la atención por la calle. En ocasiones es motivo de burla por parte de algunos ciudadanos, y otras veces rehúyen el contacto temiendo que padezcamos algún tipo de enfermedad contagiosa, actitud fruto del desconocimiento. dD: ¿Con qué apoyos cuentan? No podemos ser equiparados a cualquier enfermo. Somos nosotros quienes, con nuestras economías domésticas, hacemos un largo recorrido en la medicina privada y en las medicinas alternativas en busca de diagnóstico y cuidados paliativos. Esto supone, para quien se lo puede permitir, una gran merma –cuando no la ruina- de la economía familiar.
dD: ¿Cómo puede diagnosticarse la enfermedad? ¿De qué asistencia médica disponen? Actualmente en España hay un sólo centro sanitario público, del que yo tenga referencia, que tenga capacidad para diagnosticar y tratar paliativamente el síndrome de sensibilidad química múltiple: el Hospital Clínico de Barcelona desde su unidad de toxicología y desde la unidad de fatiga crónica. El resto entra en el ámbito de la medicina privada. Para poder llegar ahí hay listas de espera de hasta dos años. Y naturalmente antes el paciente debe sospechar que probablemente padezca esta patología, desconocida por parte de la mayoría de profesionales de la salud, especialmente en atención primaria, lo cual implica realizar un recorrido interminable de especialistas antes de llegar al lugar adecuado. dD: Esta enfermedad aún no ha sido reconocida en España ¿Por qué?¿En qué situación se encuentran los pacientes españoles en relación con un contexto internacional? R: En España sólo se hace referencia al síndrome de sensibilidad química múltiple en la nota técnica de Prevención 557/2000 del Ministerio de Trabajo. Muy excepcionalmente se han concedido bajas por este motivo. Al hacer referencia a esta nota de trabajo se incluye como accidente de trabajo y las sentencias, salvo excepciones, se dictan en base a patologías asociadas y no como consecuencia de padecer directamente el SSQM. Al tratarse de una enfermedad emergente, no está reconocida en muchos países. Sin embargo, los enfermos españoles nos encontramos a años luz de EEUU, Canadá o Alemania, países donde tiene un reconocimiento. En el manifiesto de recogida de firmas, solicitamos que se siga el modelo alemán, porque se trata de uno de los más completos. En Alemania el SSQM tiene pleno reconocimiento oficial, se realizan actividades preventivas, programas de formación de profesionales y existen líneas de investigación avanzadas; existen incluso viviendas adaptadas para los enfermos de SSQM y sus familias. Esto evita que se produzcan desestructuraciones familiares al tener que estar el paciente a menudo en lugares ambientalmente limpios alejado de los suyos, lo cual añade un sufrimiento emocional. dD: ¿Afecta esta enfermedad a algún colectivo especialmente?¿Es curable? R: Hay colectivos que tienen más probabilidades de desarrollar esta patología: sector de la limpieza, jardinería, profesionales de la salud, peluquerías, grandes almacenes, industrias químicas, todo ello a consecuencia de los lugares donde desempeñan sus actividades profesionales. Las amas de casa también, ya que en la limpieza del hogar se suelen utilizar muchos químicos tóxicos, en ocasiones incluso realizando mezclas tóxicas, por ejemplo: lejía y amoniaco. Se trata de una enfermedad crónica donde el paciente, intentando realizar un control ambiental de su hábitat y de su forma de vida, puede llegar a mejorar sus síntomas. Pero este trabajo ambiental no depende exclusivamente del afectado, ahí es donde intervienen los familiares, la sociedad, los profesionales de la salud y los políticos responsables de la calidad ambiental del aire y de la sanidad pública. dD: ¿Considera que la sociedad los valora o los discrimina? R: Salvo excepciones nos ven como enfermos “raros”. Confunden el síndrome de sensibilidad química con un problema alérgico o a veces nos tachan de enfermos mentales. Cuando contamos la realidad que vivimos les parece de ciencia ficción. dD: ¿Qué mensaje le trasmitiría a la sociedad? R: Esta enfermedad es consecuencia clara de una forma de vida que es insostenible y que además es responsable del cambio climático. Es el resultado del uso y abuso que se ha venido haciendo durante las últimas décadas de los químicos. Esto nos está llevando a una situación intolerable a todos los niveles; de hecho este año la OMS ha dedicado el Día Mundial de la Salud a “Salud y Cambio Climático”. Además, considero que habría que preguntarles a los responsables de esta situación ¿qué sociedad del bienestar enferma a sus ciudadanos y además no les reconoce la patología? Tal vez molestamos porque somos la punta visible del iceberg de algo que no funciona desde hace ya demasiado tiempo. Sin embargo, somos los ciudadanos los que tenemos la responsabilidad de atajar el problema. El compromiso de la sociedad es de vital importancia. Debemos dejar de llevarnos por mensajes seductores de consumo, exigir una alimentación exenta de químicos, erradicar los edificios enfermos y pedir viviendas humanizadas, buscar alternativas al problema de los hidrocarburos, llevar un tipo de vida menos competitivo… en resumen, abogar por la sostenibilidad, por una vida más humana y de calidad e intentar llevar a la práctica estas premisas al máximo dentro de las medidas de nuestras posibilidades. Los afectados por esta enfermedad ya no podemos remediarlo porque de momento es crónica e incurable; sin embargo, nos preocupa en gran manera lo que pueda suceder con nuestros hijos y las generaciones futuras, ya que, según estudios recientes, la carga tóxica de las madres se transmite a los hijos y según los científicos que trabajan en el tema, no sabemos qué puede suceder. Los afectados por el síndrome de sensibilidad química múltiple necesitamos soporte. Pueden ayudarnos con su firma apoyando el manifiesto que hemos presentado ante el Ministerio de la Presidencia, el ministro de Sanidad y el Defensor del Pueblo pinchando en este enlace: http://www.firmasonline.com/1Firmas/prefirm.asp?C=1584
FUENTE: Diario Directo
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A los pediatras les preocupa que muchos niños pasen de sufrir infecciones virales simples a infecciones bacterianas más complicadas y graves.
Nacemos con un sistema inmune inmaduro; en consecuencia, padecemos un elevado número de infecciones durante los primeros meses de vida. Al alcanzar la edad escolar, la tasa de infecciones de un niño no debiera diferenciarse ya de la de un adulto, pero cada vez hay más pequeños con infecciones repetitivas que auguran un subdesarrollo inmunológico.
Autor: JORDI MONTANER

- Imagen: mike gieson -
El mal uso de los antibióticos y la consiguiente aparición de resistencias en los microbios se esgrime como un más que probable origen de esta tendencia al alza de las infecciones bacterianas graves, como septicemia (infección grave que afecta a todo el organismo) o neumonía, sin orden causal. Las infecciones inusuales o un aumento en la casuística de infecciones banales con los años son otras señales de alarma; aunque también empieza cobrar peso un deterioro del sistema inmunológico.
Continuamente, todos estamos en contacto, desde que nacemos, con microbios causantes de infecciones. Para combatirlos, disponemos de un sistema inmunitario que identifica y elimina a los agentes infecciosos que invaden el organismo. Una parte de este mecanismo es innata (está presente ya en el momento de nacer) y la otra va mejorando a medida que tenemos contacto con nuevos patógenos.
Desde el nacimiento, el sistema inmunitario reacciona ante una infección con una respuesta inflamatoria, responsable de la fiebre, el dolor, el aumento del número de glóbulos blancos en sangre y la dilatación de los vasos sanguíneos de la zona afectada. Esta reacción sirve para aislar y destruir el patógeno, y es un aviso a progenitores y pediatras de que algo anda mal.
Razones fisiopatológicas
Defectos estructurales en la trompa de Eustaquio o de los senos paranasales hacen que sea más fácil que proliferen las bacterias y sobrevenga la infección
“Un niño sin mocos es como un jardín sin flores”, ironizan los pediatras, a sabiendas de que un ingreso precoz en las guarderías o jardines de infancia ocasiona que los pequeños pasen una media de 60 días al año enfermos. Esto sucede, explican, porque los niños se contagian las infecciones los unos a los otros con extrema facilidad. Babean con frecuencia, se tocan, se besan y manosean e, incluso, chupan los mismos objetos. Si los adultos enfermamos menos es, principalmente, porque tenemos mucho menos contacto con los gérmenes de los demás; por lo tanto, es menos probable que adquiramos tantas infecciones.
Recientemente, no obstante, se ha descubierto que las infecciones repetitivas en edades precoces causan cambios estructurales en los senos paranasales o en las trompas de Eustaquio (conductos de comunicación en cada oído), alterando el desarrollo de las partes óseas del cráneo, los senos paranasales y los oídos. Del mismo modo que defectos estructurales heredados hacen también que sea más fácil adquirir infecciones, como cuando el drenaje normal de la trompa de Eustaquio o de los senos paranasales se encuentra bloqueado y, en estas circunstancias, proliferan las bacterias y sobreviene la infección.
En la mayoría de los niños, a media que la cabeza se desarrolla, el problema de drenaje mejora. Sin embargo, las cifras apuntan que los pediatras recurren cada vez más a la práctica de drenajes artificiales.
De la alergia a la infección, y viceversa
Las alergias también pueden causar una sinusitis repetitiva (nariz tupida o nariz con mucha mucosidad) e, incluso, sibilancias. Al mismo tiempo, la inflamación alérgica dentro de la nariz dura mucho tiempo y las vías normales de drenaje experimentan una oclusión. Las bacterias se multiplican entonces causando infecciones. Sin embargo, en estos casos, tan importantes como los antibióticos son los fármacos destinados a tratar la causa última de la infección, que no es otra que la alergia.
Esta circunstancia despista tanto a padres como a pediatras. La tos que acompaña a las infecciones virales leves puede ser, en realidad, un síntoma asmático. Algunas veces, cuando todo apunta a que los niños adquieren una bronquitis como complicación de un resfriado, resulta que es asma. Estos niños necesitan tanto terapia para el asma como antibióticos para la infección.
Casos raros
Además, niños con una historia clínica impecable desarrollan infecciones graves sin ninguna razón obvia. En estos casos la primera sospecha del médico recae en una debilidad congénita del sistema inmune, tenida por la causa principal de las infecciones graves repetitivas en la infancia. Inmunodeficiencias infantiles como las provocadas por fibrosis quística o sida son muy raras en nuestro medio. Los investigadores también vinculan el deterioro del sistema inmune a causas ambientales.
Fumar en un entorno en el que habiten niños en pleno desarrollo puede dañar su sistema inmune. El invierno y las bajas temperaturas tampoco ayudan, ni la masificación de niños en las guarderías (a más niños, más infecciones). Por otro lado, cualquier antecedente familiar de alergia o asma debe ser comunicado al médico a fin de tomar las oportunas precauciones. Asegurarse de que los niños duerman tanto como precisen (necesitan más horas que los adultos) y de que coman alimentos saludables puede favorecer asimismo el sistema inmune.
ALTERACIÓN GENÉTICA CON PATENTE ESPAÑOLA

- Imagen: Jyn Meyer -
Investigadores españoles han descubierto una nueva enfermedad inmunitaria, según aparece en una edición reciente de la revista “Science”. El artículo en cuestión describe nueve casos de niños afectados gravemente por bacterias comunes a causa de una deficiencia del gen , clave en la protección innata ante las infecciones. Dicho descubrimiento ha sido posible gracias a un esfuerzo conjunto de los hospitales Germans Trias i Pujol de Badalona, Hospital Clínic y Sant Joan de Déu, de Barcelona, y Dr. Negrín, de Las Palmas de Gran Canaria.
Especialistas de estos centros han identificado nueve casos de niños afectados gravemente por bacterias comunes, en concreto neumococos y estafilococos, que no reaccionan a la infección con una respuesta inflamatoria normal; es decir, que ni tenían fiebre, ni se les detectaba un aumento del número de glóbulos blancos en sangre. Cuando estos niños llegaron al pediatra la infección estaba ya demasiado extendida y, a consecuencia de la gravedad, tres de ellos (de entre uno y once meses de edad) murieron. Lo curioso del caso es que los afectados sí eran capaces de hacer frente con normalidad a otras infecciones y respondían bien a las vacunas.
En otras palabras, su sistema inmune era capaz de detectar otros microbios y de estimular la producción de anticuerpos. ¿Qué falló? Un análisis genético de los niños afectados detectó finalmente una deficiencia en un gen fundamental para poder identificar correctamente la existencia de una infección ocasionada por agentes patógenos y responder a ella, denominado MyD88. A fin de estar seguros de que éste era el verdadero motivo de la enfermedad y no otro, los investigadores compararon los datos de los enfermos con ratones dotados con el mismo defecto genético.
A diferencia de los niños afectados, los ratones eran susceptibles a un número muy elevado de patógenos, y no sólo a los neumococos y a los estafilococos, lo que confirmó que el sistema inmune del ser humano tiene mecanismos alternativos que compensan la deficiencia del gen MyD88. Los autores del estudio especulan ahora con la posibilidad de que los niños afectados mejoren con la edad.
FUENTE: CONSUMER EROSKI
La formación continuada de los médicos de Primaria es una necesidad indiscutible, tanto para el sistema sanitario como para los profesionales
| Así lo ha manifestado la SAMFyC, con motivo de la celebración de los “Talleres itinerantes de habilidades clínicas”, y cuyo objetivo es “optimizar la formación de los profesionales haciendo que la asistencia diaria sea más eficaz y de mayor calidad”, según ha informado la Sociedad Científica |
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Sevilla (25-9-08).- La formación continuada de los médicos de Atención Primaria es una necesidad indiscutible, tanto para el sistema sanitario como para los propios profesionales, para acercarse a la excelencia profesional y en la atención a los ciudadanos. Así lo ha puesto de manifiesto la Sociedad Andaluza de Medicina de Familia y Comunitaria (SAMFyC), con motivo de la celebración de los “Talleres itinerantes de habilidades clínicas”, y cuyo objetivo es “optimizar la formación de los profesionales haciendo que la asistencia diaria sea más eficaz y de mayor calidad”, según el vicepresidente de esta sociedad Científica, el doctor Francisco José Guerrero García.
Estos talleres, que se van a desarrollar en dos jornadas con idéntico contenido, una el 24 de septiembre en Sevilla y otra el 26 de septiembre en Granada, son una iniciativa de SAMFyC y el Instituto de Formación Novartis, tras el acuerdo de colaboración al que han llegado para ofrecer actividades formativas de calidad a los médicos de familia.
El doctor Guerrero ha explicado que los temas que se van a abordar, infiltraciones, espirometría y uso de inhaladores, violencia contra la mujer, lesiones básicas en dermatología, seguimiento del embarazo, arritmias de urgencia, retinografías, y anticoagulación,han sido seleccionados tras realizar encuestas de preferencias a los médicos de familia de SAMFyC, y deben llevarse a cabo “en el marco de una adecuada planificación, permitiendo cubrir necesidades de formación y actualización en áreas prioritarias y de mayor interés para los profesionales. Siempre siguiendo criterios de calidad dentro de los procesos, que permitan realizar la evaluación de los resultados obtenidos”.
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Fuente: AZ PRENSA.COM
Una nueva teoría postula que la clave de la enfermedad podría radicar en un exceso de elementos oxidantes
La fibromialgia es uno de los problemas sanitarios más actuales en los países en desarrollo. Además del dolor, se contemplan una serie de trastornos que todavía empeoran más la calidad de vida de los afectados. Algunas evidencias sugieren que los pacientes con fibromialgia emiten respuestas anormales de transmisión del dolor pero su origen todavía permanece incierto.

- Imagen: Guido \”random\” Alvarez -
En el último año, Martin L. Pall, profesor de bioquímica en la Universidad Washington State (EE.UU.), ha provocado expectativa en la comunidad científica proponiendo una nueva teoría que podría ser responsable de la fibromialgia, el síndrome de la fatiga crónica, la sensibilidad química múltiple y el desorden de estrés postraumático. Pall afirma que la base de estos desórdenes podría estar en altos niveles de oxidantes que afectarían a diferentes tejidos, lo que explicaría la gran variedad de síntomas.
El núcleo del problema radica en el óxido nítrico (NO), un compuesto bioquímico que interviene en nuestra fisiología a varios niveles. La teoría propone que uno de los productos derivados del NO, el peroxinitrito, es un potente oxidante que provoca un ciclo vicioso bioquímico, causa de las enfermedades.
Elementos “estresores”
Pero, ¿qué es lo que provoca esta anomalía en el ciclo? Según Pall, ciertos elementos a los que podríamos calificar como “estresores” podrían actuar como desencadenantes de las distintas enfermedades. Estos “estresores” son de diversa naturaleza e incluyen infecciones, exposición a ciertos tipos de pesticidas o a disolventes orgánicos (en la sensibilidad química múltiple), traumas físicos (en la fibromialgia y el síndrome de estrés postraumático) o un importante estrés psicológico en cualquiera de ellos.
Suplementos antioxidantes como la vitamina C, el selenio, la vitamina E, los omega 3 y los flavonoides podrían ayudar a regular la fibromialgia
Estos elementos incrementarían el nivel de NO, poniendo en marcha su ciclo y originando cada una de estas enfermedades. Este mecanismo común explicaría por qué estas enfermedades a menudo se dan a la vez en un mismo individuo y por qué las sufren con mayor frecuencia personas con otras patologías como asma, migraña o algunos trastornos autoinmunes. Los síntomas y signos de estas enfermedades son generados por los elementos del ciclo: los oxidantes actúan a nivel local ya que, al tener una vida muy corta, no se desplazan muy lejos desde donde son producidos hasta que son destruidos. Así, en diferentes individuos pueden verse afectados diferentes tejidos; la misma enfermedad con síntomas diferentes.
Pall considera que los suplementos antioxidantes podrían ayudar a regular este trastorno. La mayoría de estos agentes son nutricionales, pero también existen productos farmacéuticos convencionales y fitoterapia. En la lista aparecen, entre otros, la vitamina C, el selenio, la vitamina E, los omega 3, el magnesio, la vitamina B y los flavonoides. Algunos de ellos han mostrado en estudios científicos que producen mejorías significantes en estas enfermedades mientras que otros pueden ser útiles como coadyuvantes, aunque se necesita más evidencia que lo corrobore.
Más allá del dolor
El dolor es el síntoma más conocido y destacado en la fibromialgia. Se trata de un dolor persistente en músculos y articulaciones que puede localizarse en cualquier punto, aunque suele ser más intenso en la zona cervical, espalda, rodillas, codos y glúteos. Más allá del dolor, son frecuentes otros trastornos que comprometen de forma importante la calidad de vida de la persona afectada. La fatiga es otro de los síntomas característicos que aparece con mucha frecuencia. Muchos pacientes se cansan fácilmente y tienen menor resistencia al esfuerzo.
Este tipo de cansancio es parecido al del síndrome de fatiga crónica, trastorno que con elevada frecuencia se presenta asociado a la fibromialgia. En la práctica clínica se observa que personas con fibromialgia también tienen síntomas de fatiga crónica y viceversa. Debido a esto, algunos expertos creen que las dos dolencias están relacionadas o que podrían ser variaciones de una misma enfermedad. Los trastornos del sueño también están a la orden del día. El sueño suele ser ligero y poco reparador, con despertares frecuentes. A menudo estas personas se levantan sintiéndose cansadas, incluso después de haber dormido durante toda la noche.
Estos trastornos del sueño pueden acompañarse de sensación de embotamiento y torpeza mental con dificultad para concentrarse incluso realizando tareas mentales sencillas. Este problema es oscilante y no suele agravarse con el tiempo. Asimismo, la fibromialgia se asocia a cambios de humor, irritabilidad y ansiedad, y son frecuentes los síntomas depresivos. Esto ha llevado a considerar la posibilidad de que la enfermedad sea causada por estos trastornos, aunque hay que tener en cuenta que muchas personas que padecen enfermedades crónicas se sienten en ocasiones deprimidas por las molestias que experimentan.
Los individuos afectados también refieren cefalea, dolor abdominal con oscilaciones en el ritmo deposicional (periodos de estreñimiento y diarrea), molestias en la vejiga urinaria y dolor torácico con palpitaciones y sensación de falta de aire. Esta sintomatología, un tanto abigarrada y oscilante, provoca a menudo que los pacientes padezcan un calvario de exploraciones y visitas a distintos especialistas antes de que pueda establecerse el diagnostico definitivo. No es infrecuente que se cataloguen como cuadros de ansiedad, con el consiguiente retraso en el establecimiento de un tratamiento apropiado.
DE DIFÍCIL TRATAMIENTO

- Imagen: Jon Haynes -
Uno de los retos a los que se enfrenta este trastorno es el de encontrar un tratamiento eficaz. La variedad de opciones terapéuticas disponibles hace suponer que, probablemente, todavía se esté lejos de haberlo encontrado. Un grupo de investigadores aragoneses ha realizado un estudio en el que se analiza la eficacia de diferentes tratamientos de la fibromialgia. El trabajo, publicado en la revista “Artritis Research Therapy”, se ha basado en el análisis de los resultados de 33 estudios con diversas opciones terapéuticas realizados en más de 7.700 pacientes de 11 países diferentes.
Las conclusiones del trabajo corroboran la dificultad en el manejo de esta patología ya que todos los tratamientos que se utilizan en la actualidad tienen sólo una eficacia moderada: gracias a ellos se consigue que más de la mitad de los pacientes puedan seguir trabajando, pero que no mejoran al cien por cien. Asimismo, ninguna terapia sobresale en eficacia por encima de las otras y la mejor opción parece ser la combinación de fármacos (analgésicos y antidepresivos) con métodos psicológicos y físicos (ejercicio y masajes, entre otros).
Una de las claves del éxito terapéutico es la rapidez del diagnóstico y la edad del paciente. En concreto, los mejores resultados se obtienen con aquellos individuos menores de 40 años y en los que reciben tratamiento antes de dos o tres años después de ser diagnosticados. En el estudio también se analiza el grado de mejoría de los pacientes dependiendo de si se han tratado en unidades especiales o en atención primaria, sin que se constaten diferencias. En general, existe escasez de unidades específicas de fibromialgia. España sólo dispone de tres unidades, lo que recibe numerosas quejas de los afectados. Sin embargo, los autores del estudio creen que la mayoría de los tratamientos son accesibles para un medico de familia, de modo que éste puede atender perfectamente a la gran mayoría de pacientes.
La fibromialgia es una enfermedad emergente, objetivo de muchos estudios con el fin de encontrar la mejor opción terapéutica. Recientemente se ha aprobado un nuevo fármaco. Se trata del antidepresivo duloxetine que actúa sobre los neurotransmisores cerebrales, regulando sus niveles. Se ha demostrado su eficacia en diversos ensayos clínicos, aunque todavía no se puede considerar un tratamiento específico para esta patología.
Fuente: Consumer Eroski. 12 de septiembre de 2008
Una caricia puede acabar con ellas. Un perfume, un móvil, el aroma de un suavizante… Sus enemigos están por todas partes. Por ahora afecta más a las mujeres. son las víctimas del Síndrome de sensibilidad química múltiple. Cada vez son más.
Como Alicia, Elvira Roda pasa los días encerrada. No soporta el aire de la sociedad moderna, impregnado de productos químicos y partículas de hidrocarburos e invadido por ondas electromagnéticas. Esta valenciana de 34 años vive frente al Mediterráneo, pero apenas puede disfrutar de la vista o de los baños en el mar. Para ella, la luz del Sol es un tóxico y, durante el día, con la playa llena de gente, debe cerrar puertas y ventanas para evitar los efluvios de coches, cremas solares y otros productos que nos rodean en verano. Para colmo, el Ayuntamiento asfalta estos días la calle de su apartamento y esta mañana un vecino ha quemado rastrojos. «Estoy recluida. Vivo con gorra y gafas de sol. Sólo puedo salir de noche», lamenta.
La enfermedad de Alicia y Elvira todavía no la reconocen ni la Organización Mundial de la Salud [aunque tampoco niegue que exista] ni la sanidad pública española. Países como Canadá o Alemania tienen modelos de asistencia sanitaria pública para el SSQM. En este último, casos como el de Suzanne Sohmer, una mujer con sensibilidad electromagnética extrema, han atraído mucha atención. En España, mientras tanto, muchos médicos la ignoran o desprecian. Eso cuentan, al menos, los pacientes.
Según la endocrinóloga Carme Valls, la falta de datos científicos, así como la cantidad de sistemas afectados y de síntomas que presentan los pacientes, ha impedido que se relacionara la dolencia con exposiciones a sustancias químicas. Por eso, explica, los pacientes con SSQM han sido diagnosticados de histeria, ansiedad, depresión o trastornos psicosomáticos, a veces durante años.
Cada vez son más, sin embargo, los médicos que hablan del SSQM como un desorden desencadenado por la exposición a químicos presentes en nuestra vida cotidiana. Es el caso de Santiago Nogué, jefe de Toxicología de Urgencias del Clínic de Barcelona. «Es un síndrome del mundo industrializado –manifiesta–, que incide sobre todo en mujeres, desencadenado por una exposición a químicos. Los enfermos sufren una alteración que les aumenta la percepción sensorial, no sólo a tóxicos, son hipersensibles a las ondas electromagnéticas, la luz, el dolor, la fatiga; incluso emocionalmente son hipersensibles.»
En su libro Mujeres invisibles, la doctora Valls cuenta por qué afecta más a las mujeres: «Su sistema nervioso central es más vulnerable a la intoxicación, y la mayoría de estos productos se acumula en las células grasas, cuya proporción es mayor entre el sexo femenino. Además, alteran la menstruación, que se hace más abundante, con ciclos cortos, y aumentan los fenómenos autoinmunes».
Para muchos enfermos, todo empieza tras una exposición severa accidental a algún tipo de químico. Para otros, puede ser un proceso constante a lo largo de meses o años, antes de que se manifiesten los primeros síntomas. En el caso de Alicia, recuerda, «todo empezó tras las sesiones de quimioterapia y radioterapia» a las que fue sometida para curarle un cáncer. Elvira, por su parte, se sintió peor que nunca después de trabajar en una fábrica de cerámica. «También estuvo en una de muebles, expuesta a todo tipo de lacas y barnices», añade su madre. En el caso de Isel Carrera, por ejemplo, una leridana de 57 años que vive en el campo desconectada de la red eléctrica y que sólo consume productos y alimentos ecológicos, el desencadenante fue una exposición a hidrocarburos. «Hubo un vertido en la finca de un vecino. Estuve inhalando eso varios días. A partir de entonces comenzaron todos mis problemas», evoca.
Ellas no soportan la exposición, aunque sea en pequeñas dosis, a productos tan cotidianos como perfumes, detergentes, suavizantes, cosméticos, productos de limpieza del hogar, derivados del petróleo o incluso alimentos con aditivos o tratados con fertilizantes y pesticidas. Cuando el enfermo entra en contacto con estos elementos su cuerpo reacciona generando, en función de la gravedad de cada caso, manifestaciones cutáneas, respiratorias, digestivas y neuropsicológicas, frecuentemente crónicas y persistentes que reducen dramáticamente la calidad de vida de los enfermos. Normalmente, los síntomas desaparecen al cesar la exposición, pero a veces surgen con posterioridad o persisten constantemente.
Los toxicólogos intentan aclarar conceptos sobre una enfermedad que aún plantea muchas preguntas sin respuesta. «Sabemos que tiene su origen en el uso cada vez mayor de productos químicos en nuestra vida cotidiana. Al parecer, esas sustancias, mezcladas con algunas moléculas que se introducen en los alimentos y la contaminación ambiental, pueden derivar en una sensibilidad química múltiple. Y a diferencia de una alergia, el SSQM no tiene cura ni tratamiento válido», explica el doctor Nogué.
A las personas como Alicia, Elvira o Isel se las llama `centinelas de la vida´, como los pájaros que, al morir, advertían en la mina del exceso de grisú. La idea es que quienes padecen el síndrome detectan los venenos que nos rodean, como un aviso a esta sociedad contaminada.
En Europa hay más de 103.000 sustancias químicas cuya inocuidad no se comprobó antes de ser lanzadas al mercado. Vivimos inmersos en una sopa química donde estas sustancias se mezclan entre sí y con los sistemas de nuestro organismo. «Cuando te dan una receta, el médico pregunta si tomas algo más, porque las interacciones entre drogas pueden ser devastadoras –ilustra la doctora Shanna Swan, especialista de la Universidad de Rochester–. Lo mismo pasa con pesticidas y disrruptores endocrinos. Sus interacciones pueden ser igualmente destructivas.» A lo largo del día respiramos esas sustancias, las absorbemos por la piel y las ingerimos en las comidas sin saber si nos hacen daño. Cada vez son más las evidencias de que el peligro es real. Por eso, en diciembre de 2006, se aprobó la normativa europea Reach, que obliga a las industrias químicas a demostrar que las sustancias que están comercializando son seguras para la salud pública.
Alicia, Elvira e Isel se sienten excluidas, apartadas de un mundo convertido en una constante amenaza para su salud. Sin embargo, no están tan solas. En España, algunas estimaciones señalan que el SSQM podría afectar ya a un cuatro por ciento de la población. Aunque para muchos médicos esta cifra es exagerada, lo cierto es que el número de casos crece. En el Clínic de Barcelona, por ejemplo, atienden a un nuevo afectado cada semana. Según el doctor Nogué, en los últimos años ha crecido exponencialmente el número de pacientes. «Atendemos a unos 60 enfermos al año, pero, al ritmo que vamos, para el año que viene serán más de cien», adelanta Nogué.
Elvira acaba de regresar de Dallas, en EE.UU., donde pasó nueve meses en el Environmental Health Center, la clínica más famosa del mundo en SSQM. Su caso saltó hace semanas a los medios cuando su familia, incapaz de costearse el viaje de vuelta en un avión privado –«en Dallas nos dijeron que, si regresaba en un vuelo comercial, podía morir», cuenta su madre–, hizo un llamamiento a las autoridades, desde la Generalitat hasta al Rey, pasando por Exteriores y el presidente del Gobierno. Al final, el empresario Francisco Hernando, El Pocero, les ofreció su avión privado y Elvira pudo regresar a su casa en Valencia.
Para el viaje de ida, la familia Roda contó con la ayuda de la doctora Pilar Muñoz Calero, presidenta de la Fundación Alborada, dedicada a la batalla contra el síndrome. Pilar tiene 52 años y hace 12 que padece SSQM. Al igual que Elvira, intentó sobreponerse al dolor para seguir con su vida. No pudo ser y en septiembre de 2007 se le puso a tiro un avión privado para viajar a Dallas y se llevó a Elvira con ella. «Yo pesaba 20 kilos menos –recuerda Pilar–, sufría unos espasmos impresionantes, el intestino no me funcionaba, necesitaba gotero, tenía basculitis, inflamación en los vasos… llegué muy grave.» Su compañera de viaje no le andaba a la zaga. Según la descripción de su madre, «Elvira estaba anoréxica, se caía, le dolía todo y el ardor de ojos le resultaba insoportable».
Nada más llegar a la clínica analizaron su carga tóxica. «Me asusté de la cantidad de mierda que había en mi cuerpo –cuenta Pilar–: pesticidas, cadmio, níquel, plomo, mercurio…, ¡una locura!» Elvira, por su parte estaba llena de pesticidas. «También metales pesados, plomo, mercurio, incluso arsénico –subraya–. ¡Una barbaridad!»
Pilar y Elvira ya están de nuevo en España. Han ganado peso y su cuerpo ha eliminado numerosos tóxicos. Se las ve más sanas. Ahora bien, en cuanto su organismo detecta algún químico vuelven a las andadas. «En Dallas no curan a nadie –afirma, escéptico, el doctor Nogué–. Los que vienen de allí viven una recuperación momentánea, pero el único tratamiento válido consiste en evitar la exposición repetida a los agentes precipitantes. Si al volver siguen viviendo en las condiciones de antes, el viaje y el dinero [15.000 euros al mes] no les servirán de nada.»
Eso es, precisamente, lo que Pilar y Elvira intentan evitar. La primera lo tiene más fácil. Ahora vive en una finca de su propiedad en Madrid, donde tiene su sede la Fundación Alborada. Un pequeño paraíso del cual están desterrados los químicos e, incluso, los móviles. Pilar no puede siquiera usar el ordenador sin sentir dolor de cabeza. Aun así, no siempre consigue evitar que las amenazas del mundo exterior irrumpan en su refugio. Cuando el viento trae olores de hidrocarburos, herbicidas y demás, la doctora se encierra en una urna de cristal que se ha hecho construir en el jardín para esquivar a sus enemigos.
Hoy es un día especial, la hija de Pilar acaba de llegar de EE.UU. Hace un año que no se ven. Apenas han podido hablar en ese tiempo. «Unos segundos de vez en cuando, por escuchar su voz», comenta. En el jardín de la finca, madre e hija se abrazan. Un abrazo intenso, pero breve, interrumpido por la tos de Pilar, que se separa bruscamente. «Llevas algo en la ropa, detergente, suavizante, no sé», acusa, resignada, a través de una mascarilla de algodón. Ahora se observan, compungidas, a cuatro metros de distancia. «Los abrazos, eso se echa en falta –dice Pilar, triste–. Ya no puedo abrazar a nadie sin tomar precauciones.» Tantas que se llevaron por delante su matrimonio.
Como Elvira. Su novio y ella ya pensaban en casarse, pero las limitaciones que el síndrome impuso en su vida destrozaron sus ilusiones. Ahora, la Generalitat ha prometido atenderla, pero en el mundo de la sensibilidad química múltiple las promesas no bastan. «Para tratar a mi hermana se deben seguir unas reglas de higiene, pero a los médicos de aquí les da igual –se queja Carmel Roda–. Deben ducharse y lavar la ropa con bicarbonato, no usar cosméticos… El primer día, Elvira se puso fatal. Ya no les abre la puerta, les huele con ella cerrada. ¡Es increíble!»
El aumento de los casos de SSQM, dicen los médicos, es un aviso. El doctor Nogué cree que esto puede ser el inicio de algo muy peligroso en un mundo cada vez más contaminado. «Esto le puede pasar a cualquiera –advierte la doctora Pilar Muñoz–. Muchos nos quieren esconder, pero si no hacemos algo, detrás llegarán los demás».
Fernando Goitia
Fuente: Xl Semanal
Te animamos a leer los Criterios Canadienses de la enfermedad que tengas, a conocerlos bien y a imprimirlos y darlos a tu médico de cabecera, a tu enfermero y a tu especialista.
¡Gracias, una vez más, a Cathy van Riel por la traducción!
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Fuente: Liga SFC
Carlos Prada, periodista de medioambiente. Próximamente presentará un libro donde trata única y exclusivamente el Síndrome de Sensibilidad Química.
J. M. Hernández
Son más de veinte años dedicados a la divulgación y defensa de la Naturaleza. Bueno, realmente, toda una vida, ya que Carlos de Prada (Badajoz, 7-VII-1964) ha vivido ligado a la Naturaleza desde muy temprana edad. Y, más concretamente, a la Naturaleza española. No en vano, se trata del periodista medioambiental más afamado de nuestro país, tal y como acreditan los numerosos premios y reconocimientos que ha obtenido, al margen de una larga carrera profesional dedicada al cuidado del patrimonio natural ibérico.
Casi podría decirse que por sus venas corre cada uno de los ríos españoles, fluye la savia de los árboles que conforman nuestros bosques. Y es que, desde muy pequeño, Carlos se ha dedicado en cuerpo y alma a conocer, querer y proteger la Naturaleza, tal y como él mismo nos dice: ‘El amor a la Naturaleza se tiene de manera inconsciente desde la infancia y a partir de la adolescencia me consagré a su estudio, en aquellos lugares que eran más accesibles para mí, como las estepas que había cerca de mi casa, con otras personas que tenían inquietudes similares a las mías.’ Y esas inquietudes, ese compromiso con la Naturaleza fue creciendo…

Nosoyundominguero.es: Carlos, ¿cómo fueron tus primeros pasos como periodista dedicado al Medio Ambiente)
Carlos de Prada: Llevaba un tiempo recorriendo la geografía española, como la Serranía de Cuenca, junto con otras personas.. Era un veintiañero. Poco a poco me fui acercando a la realidad de la Naturaleza y a mediados de los años ochenta nos comprometimos con la defensa de lo que es hoy el Parque Nacional de Cabañeros, en Castilla La Mancha. Establecimos contacto con el periodista Antonio Herrero de Antena 3 Radio, quien nos ayudó. A raíz de aquello se me ocurrió el proponerle una colaboración de manera fija en su programa, me dijo que sí y desde 1987 trabajo ininterrumpidamente en los medios de comunicación, especialmente en la radio, si bien he realizado trabajos para la televisión y para la prensa escrita.
Carlos de Prada viste en tonos azules y grises. Ropas sencillas, no es amigo de llamar la atención. Bien afeitado, su rostro desvela un carácter recio, duro, pero a la vez templado, afable. Va dando caladas a su pipa mientras responde tranquilamente a las preguntas formuladas.
NSD: ¿Por qué es tan importante el patrimonio natural español, en qué difiere del de otros países europeos)
CdP: España, dentro de la Unión Europea, es el paraíso de la diversidad biológica. Ningún país tiene la variedad de especies endémicas que tiene España; hayedos en Asturias, encinares en Extremadura, la Sierra de Gredos, desiertos del sureste español y un largo etcétera que conforman una diversidad de paisajes, flora y fauna sin parangón, y tenemos la obligación moral de protegerla.
NSD: ¿Qué amenaza a la naturaleza española?
CdP: Los factores que la amenazan son tantos que es imposible resumirlos de manera breve; puntos de contaminación (Huelva, Cartagena, Tarragona,…), río y acuíferos contaminados, así como aguas subterráneas, que podrían ser destinadas al consumo humano de no encontrarse en tales condiciones; zonas de agricultura intensiva y extensiva donde se realiza un uso abusivo de los pesticidas, como en Andalucía o en Canarias. Ello produce un daño sobre el medio ambiente y también sobre la salud humana. Destrucción de bosques para la construcción de carreteras, franjas de litoral que se degradan o se sepultan bajo la presión de la construcción desmedida; zonas de montaña amenazadas por la creación de nuevas estaciones de esquí… En fin, son muchas las amenazas y por ello hemos de ser conscientes del peligro que entrañan para nuestra Naturaleza y para nosotros mismos.
NSD: Carlos, en ocasiones, demasiadas quizás, parece ser que vivimos ajenos a la Naturaleza. Pero es indudable que el perjuicio que se le causa revierte de alguna forma en el hombre…
CdP: Pues obviamente. Hemos contado anteriormente, por ejemplo, la cuestión de la contaminación. La gente piensa que está desconectada de la naturaleza, pero no es así. Realmente la sangre que tenemos en su mayor parte es agua, es la misma agua que poco antes de estar en nosotros ha estado corriendo por los ríos o estaba en las nubes. Los materiales que constituyen nuestros tejidos, nuestros órganos, proceden de la tierra; entonces, al final, sobre todo a través de la cadena alimentaria, muchos de los tóxicos que arrojamos, queriendo o sin querer, en la Naturaleza, que llegan a los ríos, que llegan a los suelos, al final acaban llegando a nosotros. Y además existe un fenómeno denominado biomagnificación, esto es, la concentración determinada de tóxicos en el entorno, por ejemplo el mar, un lago o en cualquier suelo, dando lugar a una concentración de tóxicos superior en los seres vivos que se encuentran en ese lugar. Así pues, sucede que en los tejidos humanos en los que se han realizado análisis científicos que así lo han constatado, se ha encontrado concentraciones apreciables de toda una serie de sustancias químicas como pueden ser los PCBs, los policlorobifenilos, el DDT (a pesar de estar prohibido desde hace tiempo en muchos países), metabolito, DDE,… Encontramos heptanos, heptacloros,… Numerosas sustancias perjudiciales para la salud humana. Y esto lo están constatando también diversas investigaciones científicas. Por ejemplo hay estudios que muestran como la presencia de una serie de contaminantes guarda relación con incrementos en las tasas de cáncer de mama, que es el cáncer que más afecta a las mujeres. En otro tipo de tumores sucede igualmente, hay también estudios que están muy preocupados con el incremento de los cánceres infantiles. Al margen del cáncer, observamos también que hay una serie de enfermedades que se asocian frecuentemente a la contaminación, como son las alergias o el asma, que también están creciendo de manera muy importante especialmente en los países occidentales…
El tono de la conversación ha cambiado y Carlos se encuentra más serio. Las circunstancias lo requieren, estamos hablando de cómo el daño sobre la Naturaleza revierte directamente sobre el hombre a un ritmo preocupante. Carlos habla sin pausa, parece tener todos los datos bien ordenados en su cabeza, como si tuviera grabadas las respuestas de antemano. “A mí hay asuntos que me inquietan mucho, de los cuales no se habla lo suficiente. Por ejemplo, la cuestión de los transgénicos, unos productos de dudosa necesidad, a no ser por las inversiones que han hecho en ellos una serie de empresas internacionales químicas como, por ejemplo, Monsanto. Dicen que estos productos, en el contexto actual de la crisis alimentaria, pueden representar una solución. Pero esto no es así. Simplemente se está buscando una rentabilidad económica por parte de una serie de empresas sin una intención clara de beneficiar al conjunto de la población. Y hay muchos estudios científicos que muestran la inquietud existente, ya que alguno de estos productos manipulados genéticamente pudieran contribuir al incremento de las resistencias bacterianas, que algunos de ellos pudieran, por ejemplo, producir fenómenos alérgicos, etc. Otra cuestión que me inquieta y que está ahora mismo comenzando a introducirse, es la nanotecnología, que se pretende aplicar a muchos ámbitos, incluido el de la alimentación. Se ha hablado muy poco de esto y ya están apareciendo los primeros datos que se muestran en un sentido poco halagüeño en cuanto a repercusiones sanitarias posibles de algunos campos de aplicación de la nanotecnología. Lo que pienso, en cualquier caso, es que siempre hay que tratar de ser vigilantes pues para evitar lo que hasta ahora ha sucedido, por ejemplo, con las sustancias químicas, que se han puesto en el mercado y que eventualmente han contaminado el medio y finalmente también a las personas, sin que previamente a que se comercializaran, se hubieran realizado estudios que mostraran si esas sustancias eran inocuas o no para el medio ambiente o para la salud de las personas. No se puede tolerar que siga existiendo esa tónica de falta de cultura de la prevención. Lamentablemente no hay indicadores que permitan suponer que se vaya a hacer lo suficiente en ese sentido.”
NSD: Qué pena que en un mundo tan maravilloso como el que nos están vendiendo haya que estar alerta ¿no?
CdP: Pues sí, pero lo que tiene que adoptar uno es una posición vigilante, una posición responsable, de informarse de las cuestiones, de no adoptar la táctica del avestruz, de pensar que porque uno no sabe que las cosas sucedan por ese motivo las cosas no son así. Lo que hay que hacer es informarse y seguir una serie de patrones, de hábitos y demás que impidan que una serie de riesgos se acaben materializando.
NSD: Carlos, tras más de veinte años de lucha y todo este maremagnum de amenazas, ¿acaba uno por venirse abajo?
CdP: No y es evidente que hay un desgaste. A lo mejor sería más cómodo, o eso podrían pensar otras personas, a adoptar otro tipo de posiciones, pero no, por mi parte no hay una desesperanza. Yo siempre pienso que es mucho mejor intentar cambiar las cosas que adormecerse o que acomodarse y dejar que las cosas sigan como están. Creo que es una posición irresponsable y no la considero.
NSD: Y qué mejor manera de estar comprometidos que, como hacíamos al principio de nuestra charla, volver a la Naturaleza, a una Naturaleza que en España está viva. ¿Por qué recomendarías a la gente que conozca nuestra Naturaleza, que practique el turismo rural, el senderismo, el contacto con la montaña, con el mar, con los ríos…?
CdP: Porque, por desgracia, la Naturaleza española es una gran desconocida para muchos de los habitantes de este país. Son numerosas las personas que, pongamos por caso, realizan grandes viajes como por ejemplo al Caribe, y que no conocen provincias tan maravillosas como Huesca, Cáceres o Zamora y, sin embargo, cualquiera de las provincias españolas daría para estar recorriéndolas una vida y no la conoceríamos por completo. España es maravillosa, y ya no solamente su Naturaleza, sino también su patrimonio histórico y cultural. Hay que conocer nuestra tierra para poder estar comprometido con ella, sin duda alguna.
NSD: Desde luego, la contemplación de las visiones que nos ofrecen los paisajes españoles le hacen a uno vivir, y es que precisamente hay una frase del poeta portugués Fernando Pessoa que dice que uno es del tamaño de las cosas que contempla. Creo que estarás de acuerdo conmigo en que es el broche ideal para terminar nuestra conversación.
CdP: Absolutamente de acuerdo. Y, en consecuencia, uno es más grande en la Naturaleza, donde los horizontes se pierden en la distancia, que en la ciudad, donde la vista se topa continuamente con los edificios de los que está construida.
NSD: Que sigas recorriendo, pues, muchos horizontes, tal y como lo has hecho hasta ahora. Gracias, amigo…
Cortesía de Paqui.
Mari Carmen es psicóloga clínica y vive en pareja en Barcelona. María José, bibliotecaria-documentalista, reside sola en Madrid. Ambas tienen en torno a los 40 años y la misma enfermedad, el Síndrome Químico Múltiple (SQM), que les obliga a vivir pendientes de lo que huelen, lo que ingieren y lo que tocan.
Su hipersensibilidad a los productos químicos ha provocado en Mari Carmen convulsiones por un simple olor a perfume. «Me ahogaba porque el cerebro no mandaba la orden y me podía morir», explica.
Deportista en la adolescencia, tuvo dos operaciones por rotura de ligamentos cruzados, con sus consiguientes anestesias, cuyos efectos probablemente -dice- no le permitieron recuperarse para el deporte. Poco a poco empezaron los dolores de huesos, musculares y de las articulaciones, síntomas con los que se resignó a vivir y que los diversos médicos que visitó en su ciudad natal, Elche, no acertaron a diagnosticar.
Más tarde apareció la fatiga, redujo su vida social y tuvo que declinar compromisos. «Sólo iba del trabajo a casa, a meterme en la cama. Empecé a tener alteraciones cognitivas, no podía pensar, ¿indispensable para mi trabajo de psicóloga!, me fatigaba hasta hablar», relata.
A pesar de ello, hace tres años se animó a realizar un viaje a Costa Rica de quince días. Los dolores y el resto de los síntomas desaparecieron durante esos días. «Decidí entonces que yo no tenía que resignarme», destaca Mari Carmen.
De regreso, buscó en Internet y descubrió al doctor Pablo Arnold, de la Clínica Cima de Barcelona, uno de los pocos especialistas en la materia. La eliminación de productos químicos en su entorno, pinturas, barnices, maderas conglomeradas, y en sus alimentos le han devuelto algo de bienestar. «Cuando descubres que acercarte a una mesa te pone enferma caes en la paranoia», afirma.
Ahora vive en la Ciudad Condal, «una ciudad contaminada, pero no sometida a las continuas fumigaciones del Palmeral de Elche», y retoma poco a poco su trabajo, en una consulta privada de Psicología. «Lo único que pido a mis pacientes -comenta- es que vengan sin aromas».
En su casa, en la que vive con su pareja, «una persona muy concienciada y de una gran ayuda», sólo hay un sofá, una cama y algunos muebles de cristal y acero. Un purificador de aire para la casa, y otros para el coche son sus aliados. «De Barcelona a Elche puedo sufrir varios ataques: uno al pasar por la petroquímica de Tarragona, otro por la cerámica de Castellón y otro en una cementera de Alicante2, relata.
Incomprensión
La vida de María José, como la de tantos otros enfermos de SQM, está rodeada de «aislamiento e incomprensión». Sus primeros síntomas importantes se produjeron hace tres años cuando trabajaba en la biblioteca de una institución, cuyo nombre no quiere desvelar, situada en un sótano, adosado a un garaje de coches, sometida a varias fumigaciones y rodeada de obras.
Problemas cardiacos, vértigos, mareos, visión borrosa, trastornos cognitivos… son algunos de los síntomas que presentaba y que, después de intentar otros trabajos, le han llevado a abandonar toda actividad laboral.
«Esta enfermedad cuando se desencadena no tiene vueltas a atrás. El organismo se vuelve loco, y cada vez reaccionas a más cosas. Además supone la muerte social. No eres útil socialmente y nadie quiere saber nada de ti», se lamenta.
Los médicos a los que acudió en primera instancia le diagnosticaron fibromialgia, pero ella se daba cuenta de que había algo más, que la medicación no le sentaba bien. De ahí al psicólogo o al psiquiatra, un camino que conocen bien estos enfermos, y adonde son desviados por médicos con dificultades para identificar la dolencia. Descartados los trastornos psicológicos, Internet la puso en la pista del Hospital Clinic de Barcelona, único centro de referencia de esta enfermedad en España, donde le diagnosticaron un SQM. María José ya sabe lo que tiene, pero ahora afronta la otra parte de este mal: la incomprensión de familiares y vecinos, que no la creen.
Fuente: Larioja.com
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La fibromialgia es una de las enfermedades que más insatisfacción causa a los profesionales y a los pacientes en su abordaje terapéutico. Debido a ello la Sociedad Española de Reumatología, ha elaborado un documento de consenso donde se analizan los diversos aspectos de la enfermedad, epidemiología, factores que predisponen a la enfermedad y la desencadenan, aspectos psicológicos, familiares, sociales y laborales, costes sanitarios, incapacidades y tratamientos, tanto farmacológicos como psicológicos y terapias alternativas. |
Hipótesis e indicios de etiología
Existen indicios de que algunos fenotipos genéticos son más frecuentes en los enfermos con FM, como es el caso del gen que regula la expresión de la enzima catecol-o-metil-transferasa o el gen regulador de la proteína transportadora de serotonina.
Algunos grupos de pacientes tienen una serie de factores comunes que pudieran actuar como predisponentes para la aparición de la FM. Tal es el caso de antecedentes de situaciones traumáticas en la infancia o trastorno de ansiedad, estos últimos con una base genética claramente demostrada. Aunque se ha intentado demostrar la existencia de una personalidad bien definida en los pacientes con FM, los estudios no han sido concluyentes.
En muchos pacientes el cuadro clínico de la FM aparece de forma brusca después de algunos acontecimientos: accidentes de tráfico, infecciones, cirugías mayores y, en general, las situaciones de estrés postraumático, tanto de índole físico como psicológico. El estrés laboral puede contribuir a la aparición de la FM
Mecanismos patogénicos
En cuanto a los mecanismos patogénicos, se ha investigado en varios campos. Según los autores, se han encontrado diversas alteraciones morfológicas y funcionales en biopsias de músculo y de tejidos blandos en estos pacientes. Sin embargo, los hallazgos hasta la actualidad son bastante inespecíficos. También se han observado alteraciones del eje hipotálamo hipofiso adrenal (HHA) que se acompañan de múltiples trastornos endocrinos.
La disfunción del sistema nervioso autónomo, puesta de manifiesto mediante las alteraciones en la variabilidad de la frecuencia cardiaca, es un hallazgo mucho más consistente y reproducible.
Los datos más recientes sugieren que en los pacientes con FM existe una alteración de los mecanismos de procesamiento del dolor probablemente debida a un desequilibrio en los neuromoduladores del sistema nervioso central.
Según los autores del consenso, uno de los hallazgos más consistentes en los estudios sobre la FM ha sido un incremento de la sustancia P en líquido cefalorraquídeo. La presencia de este péptido favorece la trasmisión de los estímulos dolorosos a través de facilitar la estimulación de las vías dolorosas por otros neurotrasmisores.
También se han hallado alteraciones en la concentración, precursores o metabolitos de otros neurotrasmisores cerebrales como serotonina, noradrenalina, encefalina, ácido gama amino butírico. En la actualidad el significado de estas alteraciones centran la mayor parte de investigaciones sobre su origen.
Tratamiento farmacológico
El conocimiento que el paciente adquiera sobre su enfermedad, el tratamiento farmacológico, la realización diaria de ejercicio físico moderado y la terapia psicológica, son los principios básicos del tratamiento en estos pacientes. La utilización de fármacos está dirigida a la mejoría de aspectos parciales de la FM, y no a la curación de la misma. En la actualidad no existe ningún medicamento aprobado por la Agencia Europea del Medicamento o la FDA americana para el tratamiento de la FM.
Basándonos en la revisión sistemática realizada por los revisores de la SER, pasamos revista a los fármacos más utilizados y al grado de evidencia disponible sobre su uso:
-Analgésicos y antinflamatorios: No existe ninguna evidencia de la eficacia de los antinflamatorios en el tratamiento de la FM. Existe una evidencia débil en la actualidad sobre la eficacia del derivado opiáceo tramadol para el control del dolor en la FM. No existe ninguna evidencia de la eficacia de los opioides mayores.
- Relajantes musculares: La ciclobenzaprina, a dosis bajas, ha mostrado utilidad en la mejoría del dolor y el sueño, pero su efecto se atenúa con el paso del tiempo.
-Antidepresivos tricíclicos: este tipo de fármacos, a corto plazo, produce una mejoría clínicamente significativa hasta en el 30% de los pacientes. La mejoría es moderada en el dolor, calidad del sueño y sensación de bienestar, leve en la sensación de fatiga y mínima en el número de puntos dolorosos. No existen diferencias entre la amitriptilina y la nortriptilina.
-Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina: fármacos como la fluoxetina son útiles para tratar los síntomas depresivos, pero apenas son eficaces para el tratamiento del dolor si no existe depresión asociada, lo cual sugiere que el efecto noradrenérgico es tan importante como el serotoninérgico en el tratamiento de estos pacientes. En este sentido, los inhibidores duales de la recaptación de serotonina y noradrenalina, como la venlafaxina, minalcipram y duloxetina, parece que son más eficaces que los inhibidores selectivos. La combinación de fluoxetina y amitriptilina, también ha mostrado cierto efecto analgésico.
-Otros fármacos: Hay un gran número de fármacos de diversa índole estructural como los antagonistas de los receptores 5HT3, hormona de crecimiento, oxibato sódico, calcitonina, , melatonina, ketamina, gabapentina, interferon a, s-sdenosil-metionina 5-hidroxitriptofano, etc…), que no han demostrado hasta la fecha una eficacia que avale su uso en la FM. Recientemente, otro ECA con pregabalina ha mostrado también su superioridad frente al placebo.
Recomendaciones de la SER
La SER recomienda utilizar los siguientes fármacos y a las dosis expuestas, como fármacos de elección para tratar las principales manifestaciones de los pacientes con FM.
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DOSIS |
HORARIO |
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ANALGÉSICOS |
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Paracetamol |
1 gr |
6-8 hr |
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Tramadol |
50 mg |
8 hr |
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Paracetamol + Tramadol |
350mg/12.5mg |
6-8 hr |
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INDUCTORES DEL SUEÑO/RELAJANTES |
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Amitriptilina |
25-50 mg |
noche |
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Ciclobenzaprina |
10-30 mg |
noche(ttos. cortos) |
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Zolpidem |
10 mg |
noche(ttos. cortos) |
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Zopiclona |
7,5 mg |
noche(ttos. cortos) |
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ANTIDEPRESIVOS |
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Fluoxetina |
20-40 mg |
mañana |
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ANSIOLÍTICOS |
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Alprazolam |
1 mg |
12-24 hr |
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Otras benzodiacepinas |
variable |
variable |
Según el documento de consenso, es importante racionalizar al máximo el uso de fármacos, en especial si presentan efectos centrales, ya que los síntomas como el cansancio, inestabilidad, mareos, dificultad de concentración y trastornos de memoria pueden exacerbarse con estos fármacos. Es común que se atienda a pacientes polimedicados sin que el propio paciente ni el profesional que lo trata puedan discernir su utilidad y sí la extrema dificultad que entraña eliminarlos.
El ejercicio aeróbico, en cualquiera de sus modalidades (natación, bicicleta, ejercicios en el suelo, danza, etc.), ha mostrado en ensayos clínicos un efecto beneficioso por sí mismo en el síntoma dolor, la salud mental en términos generales, el grado de ansiedad y el impacto global que la enfermedad produce sobre la vida del paciente.
El objetivo del tratamiento psicológico es controlar los aspectos emocionales de ansiedad y depresión, cognitivos, comportamentales y sociales que agravan el cuadro clínico de estos pacientes.
El tratamiento cognitivo-conductual es la intervención psicológica que ha demostrado una mayor eficacia para el tratamiento de la ansiedad y la depresión, el dolor crónico, el dolor inflamatorio y la FM. Existe un grado fuerte de evidencia de que los tratamientos combinados de tratamiento psicológico y ejercicio físico reducen el impacto global que la FM produce en la vida de los pacientes.
Algunos estudios muestran la eficacia del tratamiento multidisciplinar en pacientes con FM. Sin embargo, en una revisión sistemática no se ha podido encontrar una buena evidencia sobre la eficacia de dicha estrategia, aunque los propios autores reconocen no haber hallado ningún ensayo clínico de alta calidad, lo que merma considerablemente el grado de evidencia disponible.
No obstante, parece lógico pensar, señalan los autores del consenso, que la combinación de varias de las modalidades terapéuticas disponibles para el tratamiento de estos pacientes debe ser superior al uso de cualquiera de ellas en solitario. En este sentido, proponemos como tratamiento básico en los pacientes con FM una combinación de ejercicios físicos, terapia cognitivo-conductual y tratamiento farmacológico a base de analgésicos, amitriptilina a dosis bajas y relajantes musculares.
En cuanto a las medicinas complementarias, algunos estudios existentes sobre acupuntura, homeopatía y masajes, en la actualidad no se pueden obtener conclusiones sobre la eficacia de estas modalidades terapéuticas en los pacientes con FM.
Sobre la quiropraxia y la utilización de campos electromagnéticos, no existen evidencias, según el consenso de la SER, para recomendarlas en el tratamiento de la FM. Según este documento no existen publicaciones sobre la eficacia de la ozonoterapia en FM ni en dolor crónico.
Antonio Collado Foto: FERRAN NADEU
Antonio Collado (Almoharín, Cáceres, 1958), coordinador de la Unidad de Fibromialgia del Hospital Clínic, habla hoy de Fibromiàlgia i rehabilitació en Corbera de Llobregat, coincidiendo con el Día Mundial de la Fibromialgia. La enfermedad castiga más a las mujeres que a los hombres.
–¿Cómo se vive con fibromialgia?
–La vida es muy pesada, para muchos pacientes un auténtico calvario, un infierno. De todas las enfermedades, ésta es la que produce más dolor. Pero hemos avanzado. Hace unos años años no solo no se conocía, sino que no se reconocía.
–¿Por qué es un calvario?
–La fibromialgia no solo produce mucho dolor y agotamiento, en un porcentaje importante de los casos (la tercera parte) también disminuye la calidad de vida. El calvario también se debe a que no hay un tratamiento fácil, el sistema sanitario no está aún preparado.
–¿Cuál es la mayor renuncia que deben hacer los afectados?
–Estos enfermos se autoexigen mucho y están muy implicados laboralmente. Tardan más en pedir la baja que cualquier enfermo de lumbalgia, y cuando la piden es porque no soportan más el dolor.
–¿Qué se debe hacer?
–Los convenios sindicales deberían poner en marcha mecanismos adaptativos para reconocer discapacidades parciales. Ahora funciona la ley del todo o nada, te descapacitas del todo o nada.
–¿Enfermos con cargos públicos, como la socialista Manuela de Madre, ayudan a que la gente se conciencie con la enfermedad?
–Ha sido muy importante que Manuela de Madre explicara su situación y pusiera de manifiesto una realidad, porque ha habido muchas actitudes de exclusión y minimización del problema. Ella está manifestando, de forma continua, que lucha contra la enfermedad a pesar de que le representa un coste muy alto, haber tenido que renunciar a unas cosas y adaptarse a otras.
Fuente:El Periódico.com



